FE Y ARREPENTIMIENTO

Combinación inseparable en la vida del cristiano

Jesús fue escarnecido y vituperado en sus últimas horas por  los soldados, quienes además de castigarle con el látigo, se burlaron de Él, los sacerdotes y escribas, que también hicieron lo suyo, al igual que Herodes, Pilatos y hasta uno de los ladrones que fueron colgados de un madero junto a Él, pero el ladrón “bueno” como le llaman, aunque según el mismo Jesús nadie es bueno (Mc.10:18),

Momentos antes de su muerte, este ladrón cree en Jesús, en quién es, y con valor se enfrenta por Él al otro ladrón, y no olviden que también estaban presentes soldados, sacerdotes, escribas, quienes le vituperaron, demostrando de esa manera su fe y arrepentimiento, y fue suficiente para ser salvo, lo cual Jesús le garantizó (Lc 23:39-43) Por tanto, tenemos la certeza de que está en el paraíso.

Si, es así, en el momento en que seamos llamados, y lo aceptemos claro está, no importa si tenemos toda una vida como cristianos o tan sólo 10 minutos, somos igualmente salvos. No somos salvos por obras, sino por fe y arrepentimiento, por gracia de Dios que así nos lo prometió.

De la fe

Abraham, llamado el padre de la Fe, es el primer hombre que obra por fe, y no es por sus obras que es bendecido y hecho padre de naciones, es por fe. Abraham vivió toda su vida, procedió en cada caso por fe. No teniendo la capacidad, le creyó a Dios cuando le dijo que sería padre y padre de naciones, y que su descendencia se contaría como las estrellas. Pero la máxima muestra de vivir por fe la dio cuando Dios le pide sacrificar a Isaac, y Abraham  volvió a creer, no le contrarió, ni le preguntó como iba a sacrificarlo, cerrando así el único y milagroso camino que existía para tener descendencia. Conocemos la historia y su final y Abraham tuvo siempre absoluta fe en Dios. Entonces, hoy que somos salvos por fe, nos convertimos en descendientes de Abraham, el padre de la Fe.

Del arrepentimiento

Tal vez David es el campeón del arrepentimiento. David es la representación del ser humano por excelencia. Ese mismo hombre lleno de Dios, que se enciende de celo cuando Goliat, el campeón de lucha de los filisteos, llenaba su boca y el viento, de maledicencias y vituperios al Dios de Israel, pide enfrentarlo y le derrota, ante la incredulidad de propios y extraños, ¡El mismo que escribe el Salmo 23!, va y llena su corazón de pasión carnal por Betsabé, la mujer de Urías, pecando, y de paso, convirtiéndola a ella en adúltera, y luego, se llena las manos de sangre mandando a matar a Urías y hace que Joab manche las suyas, al obedecerle.

Tan arriba y tan abajo como un ser humano puede estar. Tan cerca de Dios y tan lejos. Pero se arrepiente, y lo hace como sólo David sabía hacerlo, realmente dolido de corazón, reconociendo su pecado, humillándose ante su Dios. Y es verdad que no pudo ser él quién levantara el templo porque tenía las manos manchadas de sangre, pero no perdió la presencia de Dios, gracias a su arrepentimiento verdadero. El hombre que cometía las faltas más extremas, también sentía real dolor por haber faltado, por haberse alejado de Dios.

De nuestra humanidad

El párrafo anterior nos narra los puntos más altos y bajos de David, pero su vida estuvo llena de estos altibajos, donde experimentó lo excelso de la presencia de Dios y la oscuridad que rodea al pecado, pero siempre ese hombre lloró por perder la presencia divina, arrepintiéndose de su pecado de tal forma que Dios le recibía de nuevo.

¿Cuántas veces han pensado, o expresado, “¡Qué torpe y terco fue el pueblo judío” Viendo todas las muestras de su poder, baste con recordar como cruzaron el mar, ¡ya me gustaría tener esa prueba!. ¿y no tienes la prueba de la transformación que se lleva a cabo en tí al aceptar a Jesús como tu único salvador, creyendo que murió y resucitó por el poder de Dios? Todos somos “el pueblo judío” porque judío es igual a humano, que es lo que somos.

De la llave

Sólo creer no basta, tampoco sólo arrepentirse, deben estar presentes ambas. Si me arrepiento pero no creo, pues no sirve, porque mis obras no me hacen merecedor de nada, y eso es lo que estoy intentando. Si “creo” pero no me arrepiento, entonces peor, no creo realmente, no siento el dolor de Jesús en su sacrificio por mis pecados, no estoy dando el paso adelante para tomar lo que se me ofrece por Su gracia .

Recordemos siempre que el hombre del que tenemos absoluta certeza está en el paraíso, el ladrón, usó esa llave, “Fe y Arrepentimiento”.

Dios conoce la debilidad del hombre. Dios siempre está dispuesto a aceptar el arrepentimiento de corazón, el cual solo puede darse en presencia de la fe. Si no creemos, no podremos justipreciar nuestra relación con Dios y por tanto tampoco podremos sentir el dolor de su ausencia.

Posted on 6 septiembre, 2011, in Predicad and tagged , , . Bookmark the permalink. 4 Comments.

  1. SALUDOS HERMANO MIO SOY EL DIRECTOR DE EVANGELIO MUNDIAL ME GUSTA SU TRABAJO DIOS ME LE BENDIGA DE UNA MANERA ESPECIAL 🙂

  2. desde Montevideo, Uruguay, mis bendiciones, somos de la Igllesia de Dios Pentecostal Movimiento Internacional de Malvin,Adriana

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