¡NO TEMAS MORIR! TU VIDA CONTINUARA…

Es lógico y natural que pensar en la muerte produzca tristeza y miedo. Humanamente hablando todos tememos “dejar de existir”, y buscamos por todos los medios alargar aunque sea unos 10 o 15 años más, pero que al fin de cuentas son una nada. El tiempo pasa rápido, y con él, nuestra propia vida.

Esto me recuerda lo nos dice el salmo:
Los días de nuestra edad son setenta años: y si en los más robustos son ochenta años. Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.
Salmo 90:10
La verdad es que “el tiempo vuela”, y cuando menos lo sentimos, partimos. Esta es una verdad indiscutible que no se puede negar. Sabemos que vamos a morir, pero nos aterra enfrentar la situación. ¿Cuándo será ese día? ¿Cuándo será ese momento? No lo sabemos, pero que llegará, si llegará.
Justamente en estos instantes, hay miles de personas muriendo alrededor del mundo, pero preferimos obviar esta realidad; tal vez lo que nos ofrece pensar obligadamente en la muerte es cuando alguien cercano muere o sufrimos una grave enfermedad, caso contrario preferimos  sustituir estos pensamientos en algo más agradable.
Es necesario que aceptemos este hecho seguro y que estemos preparados para enfrentarla en el momento que Dios haya dispuesto llevarnos a su presencia, quien desde antes de crearnos, ya había determinado los años que habríamos de vivir en el mundo. No nos iremos de aquí, ni un segundo antes, ni un segundo después. Además, quienes hemos recibido a Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador personal, tenemos la firme certeza que continuaremos viviendo. Nuestro Señor Jesucristo nos confirma esta verdad a lo largo de los 4 evangelios, y también los apóstoles en las cartas del Nuevo Testamento.
Miremos uno de los cientos de textos que aparecen en la Sagrada Escritura:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios
Juan 3:16-18
No hay razón para temerle a la muerte, pues tú, seguirás existiendo por toda la eternidad. He aquí otra palabra reconfortante:
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.  Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Juan 14:1-6
Es cierto, pasar por el “río de la muerte” no es fácil. Hay dolor y sufrimiento de por medio. Es un “trago amargo” que hemos de probar, pero es solo un instante.
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¿Tienes miedo a morir?
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Reconfórtate con las palabras de nuestro Señor Jesucristo, y deja que su paz te reconforte, sobre todo cuando sepas que tu final sobre la tierra está muy cercano.
Recuerda que tu destino final no está aquí. Mira lo que el escritor de la carta a los hebreos dice:
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
Hebreos 13:14
Todo es transitorio en la tierra. No hay nada que permanezca para siempre. No te aferres a lo transitorio. Aférrate a quien tiene vida en sí mismo, capaz de levantarte del sepulcro para siempre.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
Juan 5:25-29
Las puertas eternas serán abiertas de par en par para todos aquellos que vivamos unidos a Dios por medio de Jesucristo.
Que el hecho de pensar en la muerte no te produzca angustia, tristeza y derrota; sino esperanza.
Que el entorno que te rodea, no te haga perder la noción de tu destino eterno. Recuérdalo siempre:
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¡Hay algo más!
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Ten presente aquellas palabras reconfortantes que el apóstol Pablo escribe en su carta a los tesalonicenses.
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
1 Tesalonicenses 4:13-18
Permanece firme en las promesas eternas de nuestro Señor Jesucristo.
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¡NO TEMAS MORIR!
Tu vida continuará…
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Posted on 31 mayo, 2012, in José Alfredo Liévano and tagged . Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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