PREDICAD, pero ¿me leen…?

ovejas ignoran al pastor

 

No sé si ustedes la han experimentado alguna vez, pero yo, constantemente tengo la sensación de estar gritando en el desierto, siento que puedo subir mucho la voz, pero tan sólo cambia la distancia a la que están los granitos de arena que me podrían escuchar si tuviesen oídos.

Hace algunos días, el 26 del pasado mes de abril para ser mas precisos, publicamos en Predicad, un mensaje tratando este asunto, el cual me trajo paz, a través del compartir de la historia de Elpidio Córdoba, narrada en el post SI PIENSA QUE ESTÁ PREDICANDO EN EL DESIERTO, por Fernando Alexis Jiménez pero como sabemos que el “innombrable”, como acostumbran denominarlo entre cristianos, el padre de la mentira pues,  se da a la tarea de revertir esa paz, llenando de angustia nuestro espíritu con dardos que traen otra apariencia (si fuesen tan evidentes, no permitiríamos que nos llegaran, ¿verdad?) y así comenzamos a sentir de nuevo esa ansiedad, ansiedad con la que el susodicho espera llevarnos a tal estado de decepción, que optemos por abandonar nuestra labor de llevar la Palabra a otros.

oveja mundanaEs importante rechazar esos sentimientos y reafirmar nuestra convicción. Para quien predica, cuantos nos oyen no es lo importante, si lo es en cambio cuantos recibieron la semilla. Posiblemente, muchas de esas semillas germinen y probablemente, más aún en nuestro caso, nunca nos enteraremos de ello. Puede que sólo germine una, pero sabemos que Dios es quien decide sobre esto, puede que nos tenga reservados para salvar a uno sólo, o que seamos apóstoles de la clase de Pablo, por ejemplo. No lo sabemos, pero ahora tenemos el convencimiento de “que nuestro trabajo en el Señor no es vano.

Es lo que nos dice Pablo en 1Co 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.

Pablo recibe este mensaje directamente del Espíritu, y le da la certeza para trabajar sin ese temor a predicar en el desierto. Lo liberó de ese temor que a veces nos arropa y nos hace dudar incluso, sobre nuestras más grandes convicciones. Y también es liberación para nosotros. Si nuestro espíritu es quien lee, ora e interactúa con el Espíritu, pues entonces vamos a recibir la Palabra, al igual que Pablo, de primera mano. Y no vamos a aceptar mentiras, vamos a reconocerlas y rechazarlas, y por tanto seguiremos predicando con fe, seguiremos sembrando en el conocimiento y aceptación de que no es nuestra la obra, sólo somos siervos fieles que cumplen el mandato recibido.

PREDICAD

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